Llegó la noche. Duchada y con los músculos marcados, abandonó el gimnasio y se dirigió a banderas como todos los viernes. Era noche de mojito y amigos. Encontrándose con veteranos de la Historia en el lugar de siempre, la vimos sentada dando cátedra sosteniendo un vaso con Ginger en su mano y carcajeando abiertamente bajo efectos del alcohol.
Luego de un rato, con la botella vacía, decidieron llevar el trasero de la abeja mayor a la audición de canchas para darle un poco de emoción a la monotonía. Su alcoholizado cuerpo accedió al instante, entonces el grupo se trasladó a la improvisada pista de baile que contaba con una red de voleyball. Un par de canciones después de su llegada, el cielo dejó caer el agua contenida por varias semanas de sol y aridez terrenal, y sin pensar en la hipotermia matutina del día siguiente, la música elevó su dopamina, la pista de baile los sedujo al instante y sin pensarlo dos veces, estaban mojados hasta los calzones, riéndose desenfrenadamente con el toque salsero de fondo. Así pues, la noche los incitó a seguir la farra en un popular Rincón caleño, y en par boleones, ya estaban en las puertas de aquel lugar bohemio que con ritmo salsero los atrajo y retuvo hasta el cierre a las 3 de la mañana.
Fue una noche increíble, en un lugar mencionado miles de veces pero desconocido en todas ellas. Quién se iba a imaginar que accedería después de varios viernes de ruego, a lo que cada fin de semana se perdía por la decisión firme de llegar a casa temprano. El baile al ritmo de personajes coreados por melómanos, la atrajo de forma tal, que se negó a abandonar la pista en toda la noche. Por suerte, contaba con colegas bailaores que no dejaron apoyar su trasero en el plástico desnudo y frio, en lo que duró el evento. Ducha y show, en un viernes cualquiera a mitad de semestre. La compañía de elocuentes licenciados e historiadores resultó más gratificante de lo que se esperaba.
Fue un día como cualquier otro en ese rincón musical, visitado por extranjeros en donde la pareja de baile, es cualquier extraño. Un día lleno de matices y cuadros sectoriales en la escala de las emociones, que hizo de un viernes rutinario, uno fabuloso.
A fin de cuentas, todos los días se aprende algo nuevo, se conoce a alguien, se descubre algo, se visitan lugares interesantes que siempre han estado ahí pero que no gozan de una presencia digna de ellos. Así es el ser humano irracional y espontáneo, disfrutando de las pequeñas cosas de la vida que transforman momentos comunes en mucho más que recuerdos del pasado: se convierten en historias que más adelante, estarán siendo invocadas por labios ebrios y rostros tomatosos de la risa.
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