viernes, 11 de abril de 2014

Revolución estomacal.

Noche de cine. Un cambio repentino en la película nos llevó a la incertidumbre en la nueva elección. Estuvo algo aburrida pues terminé dormida en las piernas de la señorita de al lado y con el fundillo entumecido. La noche inició rompiendo el iceberg entre el susodicho y yo, cuando él pasó suavemente su mano por mi espalda invitándonos a entrar en la sala. Me cogió desprevenida, sin embargo, no objeté palabra en contra ya que disfruté el roce de sus dedos que la recorrían erizada. Había extrañado su presencia, claramente no puedes olvidarte de lo que pierdes, y al parecer era mutuo.

La verdad me deja pensativa esa cuestión, aquella que no concretamos y que fingimos nunca pasó. Si, es triste, pues para ser sincera él, me agrada como persona. Tal vez sea el hecho de tener que soportar que otra roce sus labios, labios que antes fueron por mi devorados y que ahora musitan otro nombre. Ese maldito nombre, que de manera intrínseca lleva marcado el mío y procura no tender a la confusión de ambos. Lo sé, porque soy consciente del esfuerzo que empleaba aquel sujeto para tratar de sacarme de su cabeza, con la ignorante de los hechos ocurridos el verano pasado, bajo el gran árbol que nos cubría de pies a cabeza y que ocultó nuestro encuentro clandestino aquella noche estrellada que fue testigo de la intensidad con la que lo deseaba. Realmente quisiera poder olvidarme de ello, pero es improbable el hecho de tener que borrar de mis recuerdos, todas las sensaciones, los besos, los mordiscos, y las horas de historia que juntos compartimos. Pues, por más que tenga a una gran persona frente a mí, que trate de hacerme olvidar, no puedo evitar esconderme para que no me descubras en brazos de otro y tengas que soportar la realidad que trato de construir a costa tuya.

Es ilógico el no querer desprenderse de alguien, y más aún cuando lo ves a menudo, en cada rincón de la ciudad universitaria y odiar el momento en que te cruzas con él y tener que sonreír fingiendo que todo está relativamente bien, para que ignore lo mal que su presencia te pone.

Y si aún te preguntas que pasó con nosotros, pues no he hallado la respuesta. Honestamente, me gustaría buscarla contigo y cerrar ese maldito ciclo que dejamos abierto hace más de un año y que no me permite continuar. Cada encuentro contigo me revuelve los pensamientos y realmente me deprime, me arruga el viejo corazón y apacigua la pequeña llama de alegría que aún conservo desde tu partida. Es tan difícil estar a tu lado y tener que atragantarme con todo lo que tengo por decir… yo, que te critico por tu falta de pantalones, tampoco los traigo puestos a la hora de la verdad.

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