Estoy totalmente jodida. Me jodieron en todas las formas posibles. Yo arriba, él abajo y viceversa; de lado; invertido; al revés del derecho; en fin. Las preposiciones sobre, con, sin, contra, hasta, entre, dejaron de ser simples complementos y pasaron a ser parte activa del desarrollo del Kamasutra vívido.
Rara vez encuentro un ente con el mismo enfoque sexual que el mio. No han de faltar los peros, como en todo, puesto que somos seres inconformes y poco satisfechos (o al menos es mi caso, sexualmente hablando). Sin embargo, la categoría en la que se encuentra este sujeto es bastante alta. Esa maldita química cuyo balance erótico, pervertido y dirty era casi perfecto, me dio un par de semanas de profundo placer en la casa de un extranjero que, pedía a gritos, ser azotado. La ninfomanía me atacó post vacaciones y en el transcurso de los días, no podía dejar de contar las horas e implementar excusas con tal de pisar territorio colonial.
Lo volví mi juguete de pruebas, pues aquel sujeto no se oponía a mis barbaridades y estaba dispuesto a todo. En mi vocabulario, la palabra descanso era inexistente. Todos los días quería más, y era inevitable la cachondez que me arrastraba una y otra vez hasta la puerta de su casa. Tal vez mi inconsciente sabía que debía aprovechar al máximo su presencia, pues los días estaban contados en el calendario, y todo se evaporaba posterior a su partida.
Así pues, durante más de un mes y algo, no pude evitar ser tentada a cualquier hora del día. Si no me enviaba una foto de su ego, era un vídeo o una escritura sexosa de esas que me ponen horny con solo echarle una hojeada. La conexión estaba a la orden del ya. No era sino leer un par de números que cuadraban la hora y ya estaba en camino. ¿El problema? Conseguir un algo que lograra mantenerlo activo y me rindiera lo que lo necesitaba. El cuerpo humano posee sus fallas en cuanto al agotamiento, fallas que conozco pero que no logro entender cuando se tienen los polvos en la cabeza. Entonces, aquel sujeto hacía lo que fuera por mantenerse con vida y tratar de cumplir cada una de mis exigencias.
Terminó colapsando y yo iniciada.
Por fortuna para él, el día previo al viaje se acercó esa semana. Se bajó el ritmo de la faena (entre otras bajadas) teniendo yo, misericordia de su ser. De esta manera, a la madrugada de ese sábado en el que abandonara el país, tuvimos nuestro último encuentro.
Encuentro que sé que no olvidará y que por mi parte, anotaré en mi larga lista de amantes momentáneos. Y, a riesgo de sonar como una cualquiera, que puedo decir, follar hace tanta parte de mí como yo de dicha noción.