domingo, 27 de abril de 2014

Saliendo del Routín.

Llegó la noche. Duchada y con los músculos marcados, abandonó el gimnasio y se dirigió a banderas como todos los viernes. Era noche de mojito y amigos. Encontrándose con veteranos de la Historia en el lugar de siempre, la vimos sentada dando cátedra sosteniendo un vaso con Ginger en su mano y carcajeando abiertamente bajo efectos del alcohol.

Luego de un rato, con la botella vacía, decidieron llevar el trasero de la abeja mayor a la audición de canchas para darle un poco de emoción a la monotonía. Su alcoholizado cuerpo accedió al instante, entonces el grupo se trasladó a la improvisada pista de baile que contaba con una red de voleyball. Un par de canciones después de su llegada, el cielo dejó caer el agua contenida por varias semanas de sol y aridez terrenal, y sin pensar en la hipotermia matutina del día siguiente, la música elevó su dopamina, la pista de baile los sedujo al instante y sin pensarlo dos veces, estaban mojados hasta los calzones, riéndose desenfrenadamente con el toque salsero de fondo. Así pues, la noche los incitó a seguir la farra en un popular Rincón caleño, y en par boleones, ya estaban en las puertas de aquel lugar bohemio que con ritmo salsero los atrajo y retuvo hasta el cierre a las 3 de la mañana.

Fue una noche increíble, en un lugar mencionado miles de veces pero desconocido en todas ellas. Quién se iba a imaginar que accedería después de varios viernes de ruego, a lo que cada fin de semana se perdía por la decisión firme de llegar a casa temprano. El baile al ritmo de personajes coreados por melómanos, la atrajo de forma tal, que se negó a abandonar la pista en toda la noche. Por suerte, contaba con colegas bailaores que no dejaron apoyar su trasero en el plástico desnudo y frio, en lo que duró el evento. Ducha y show, en un viernes cualquiera a mitad de semestre. La compañía de elocuentes licenciados e historiadores resultó más gratificante de lo que se esperaba.

Fue un día como cualquier otro en ese rincón musical, visitado por extranjeros en donde la pareja de baile, es cualquier extraño. Un día lleno de matices y cuadros sectoriales en la escala de las emociones, que hizo de un viernes rutinario, uno fabuloso. 


A fin de cuentas, todos los días se aprende algo nuevo, se conoce a alguien, se descubre algo, se visitan lugares interesantes que siempre han estado ahí pero que no gozan de una presencia digna de ellos. Así es el ser humano irracional y espontáneo, disfrutando de las pequeñas cosas de la vida que transforman momentos comunes en mucho más que recuerdos del pasado: se convierten en historias que más adelante, estarán siendo invocadas por labios ebrios y rostros tomatosos de la risa.

viernes, 18 de abril de 2014

Yo-e

Día de reunión con futuros colegas, en el que proyectamos ambos volúmenes de Nymphomaniac. Una interesante película (déjenme decirles) donde el erotismo no da espera, las escenas burdas surgen elocuentemente, y todo ese maquiavelismo sexual es desarrollado por una voz principal, que en cada capítulo de aquella historia, nos deja más y más intrigados, divagando por el desenlace del siguiente.

En cierto momento, mientras el número del conteo regresivo indicaba los minutos que faltaban para finalizar dicha proyección, no pude evitar preguntarme si, ¿mi existencia reflejaba una pequeña parte de la vida descrita en el relato de la protagonista, en cuanto al sexo sin sentido, sin amor, sin emociones? ¿Me estaba convirtiendo en una maníaca por el sexo sin ataduras y sin prejuicios? O quizá, el hecho de evitar a toda costa esa conexión que lleva el coito más allá de un simple acto animal, ¿estaba haciendo de mí, una frígida? 

De hecho, me fue imposible ignorar la soledad que rodeaba a Joe, al no quedarse lo suficiente con alguien como para establecer una relación más allá de lo sexual. ¿Estaría siendo yo, la Joe de mi propia versión? Desde aquel instante, revalué la situación por la que atravesaba y decidí poner en marcha el plan de reconfigurar mi existencia y tratar una ‘estabilidad emocional’ (en cuanto a las relaciones) que le permitiera a otros, gozar de toda yo

A ver como nos va.


viernes, 11 de abril de 2014

Revolución estomacal.

Noche de cine. Un cambio repentino en la película nos llevó a la incertidumbre en la nueva elección. Estuvo algo aburrida pues terminé dormida en las piernas de la señorita de al lado y con el fundillo entumecido. La noche inició rompiendo el iceberg entre el susodicho y yo, cuando él pasó suavemente su mano por mi espalda invitándonos a entrar en la sala. Me cogió desprevenida, sin embargo, no objeté palabra en contra ya que disfruté el roce de sus dedos que la recorrían erizada. Había extrañado su presencia, claramente no puedes olvidarte de lo que pierdes, y al parecer era mutuo.

La verdad me deja pensativa esa cuestión, aquella que no concretamos y que fingimos nunca pasó. Si, es triste, pues para ser sincera él, me agrada como persona. Tal vez sea el hecho de tener que soportar que otra roce sus labios, labios que antes fueron por mi devorados y que ahora musitan otro nombre. Ese maldito nombre, que de manera intrínseca lleva marcado el mío y procura no tender a la confusión de ambos. Lo sé, porque soy consciente del esfuerzo que empleaba aquel sujeto para tratar de sacarme de su cabeza, con la ignorante de los hechos ocurridos el verano pasado, bajo el gran árbol que nos cubría de pies a cabeza y que ocultó nuestro encuentro clandestino aquella noche estrellada que fue testigo de la intensidad con la que lo deseaba. Realmente quisiera poder olvidarme de ello, pero es improbable el hecho de tener que borrar de mis recuerdos, todas las sensaciones, los besos, los mordiscos, y las horas de historia que juntos compartimos. Pues, por más que tenga a una gran persona frente a mí, que trate de hacerme olvidar, no puedo evitar esconderme para que no me descubras en brazos de otro y tengas que soportar la realidad que trato de construir a costa tuya.

Es ilógico el no querer desprenderse de alguien, y más aún cuando lo ves a menudo, en cada rincón de la ciudad universitaria y odiar el momento en que te cruzas con él y tener que sonreír fingiendo que todo está relativamente bien, para que ignore lo mal que su presencia te pone.

Y si aún te preguntas que pasó con nosotros, pues no he hallado la respuesta. Honestamente, me gustaría buscarla contigo y cerrar ese maldito ciclo que dejamos abierto hace más de un año y que no me permite continuar. Cada encuentro contigo me revuelve los pensamientos y realmente me deprime, me arruga el viejo corazón y apacigua la pequeña llama de alegría que aún conservo desde tu partida. Es tan difícil estar a tu lado y tener que atragantarme con todo lo que tengo por decir… yo, que te critico por tu falta de pantalones, tampoco los traigo puestos a la hora de la verdad.