jueves, 8 de enero de 2015

Marqués o no Marqués..?

De fiesta en fiesta, celebración en celebración, diciembre absorbió la mayoría de mis días, a tal punto, que mi pobre hígado no tuvo otra opcción que acostumbrarse a los mares de alcohol.

Así pues, soltando las llaves y libre de conducir, bebí más que cualquier otro día. Reunida con mis colegas en un festival mensual con ritmo salsero, terminé balbuseando ironías (de lo poco que puedo recordar) y esa risa incontrolable que jamás se alejó de mí hasta llegar, con mucha dificultad debo agregar, al Rincón de siempre.

Igual que Homero en la taberna de Moe, las imágenes faltantes luego de la resaca decidieron quedarse en el limbo de las borracheras anuales. Tan sólo, y medio cuerdo tengo el recuerdo del Bossanova donde solté la lujuria, agresividad y desfogue contenidos desde mi último encuentro sexual.

Presente está, la insensibilidad ocasionada por los litros de ron inyectados en este frágil cuerpo, que al no sentir excitación alguna, terminó encimismado a golpes sobre aquel sujeto víctima de la fiera celosamente enjaulada en temporada de caza.

Al despertar en la mañana, luego de que pasaran los efectos y se me desentumiera todo, me encontré en casa con un dolor tan agudo en la feminidad, consecuencia del salvajismo en aquel motel, debido a que al sujeto no le quedó de otra más que hacer un esfuerzo sobrehumano por complacerme, tal que excedimos los límites del dolor corporal rumbo al placer carnal, cuyo éxtasis quedó sin completar... El sujeto consumió hasta su bateria de reserva. Y, optando por perdida la batalla, abordamos un taxi rumbo al apartamento en donde me dejó, caliente, insatisfecha y con un maldito olor a loción barata que hasta hoy perturba mis sentidos.

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